Por qué es tan difícil acabar con un prejuicio

Se le atribuye a Albert Einstein la célebre frase; “Triste época la nuestra. Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”. Un siglo después nos encontramos frente a una sociedad globalizada, hiperinformada y en la que la web ha conseguido lo imposible; conocer cada rincón del mundo sin necesidad de moverte de tu hogar. El conocimiento que debería atraer la posibilidad de acabar con un prejuicio ha tenido un efecto perverso que ha llevado a nuestra actualidad a que no solo no se eliminen los prejuicios sino a que aumenten. Desgranamos lo que hay detrás de los prejuicios y por qué es tan difícil acabar con ellos. 

El prejuicio; un estereotipo neurótico

Por qué es tan difícil acabar con un prejuicio

El estereotipo es el principal componente cognitivo que elabora los prejuicios. Se basa en un sesgo que la persona realiza en torno a un grupo social determinado. Habitualmente, los esquemas cognitivos nos sirven para crear mapas en nuestro cerebro que nos ayudan a ordenar lo que nos rodea. Sin embargo, estos mismos mapas pueden ser erróneos y lo son en el momento en el que aplicamos el denominado efecto halo* sobre una población entera.

Efecto halo: El efecto halo es otro de los componentes que impiden que podamos acabar fácilmente con los prejuicios ya que es un sesgo cognitivo que aplicamos, prácticamente, todos los seres humanos. Consiste en la generalización de un hecho o atribución particular. Ej: Si un francés fue poco amable conmigo, entonces los franceses son desagradables. 

La necesidad de pertenencia es otro de los factores que impiden que los prejuicios terminen. La mayor parte de las personas necesitan sentirse diferentes y muy válidos. Las carencias de autoestima propias se suplen con la pertenencia a un grupo social, étnico, religioso…etc concreto. Este autoestereotipo positivo choca con un heteroesterotipo (hacia grupos externos) en el momento en el que se toma contacto con otros. Esto sucede porque el contacto con otras culturas desestabiliza un autoconcepto que está basado en una premisa errónea; que la cultura propia es mejor que la del resto.

Muy en el fondo, detrás de todas estas variables previas se encuentra el miedo. Efectivamente, el miedo a lo desconocido es el principal responsable de los prejuicios. Desgraciadamente, el prejuicio impide que la persona deje de temer a lo desconocido y, por ende, se retroalimenta. Si quieres saber más acerca del prejuicio, te recomendamos este experimento desarrollado por McRae&colaboradores.

Existe una base neuroquímica en el cerebro que es activada cuando interaccionamos con personas hacia las que sentimos un prejuicio. La producción de cortisol, la hormona del estrés por excelencia se dispara. El prejuicio no deja de ser un mecanismo de defensa que los gobiernos y religiones han utilizado a lo largo de la historia para manipular a los ciudadanos. Aún continúa haciéndose a través del patriotismo (ej:Estados Unidos).

Pero, ¿Por qué es tan difícil acabar con un prejuicio?

La conclusión que sacamos de todo esto es que los prejuicios interpersonales se vencen a través de la educación y el conocimiento de otras culturas. Sin embargo, hay motivos políticos y religiosos desde las altas esferas que impiden que pueda existir un caudal de información claro entre los prejuicios que afectan al ser humano. 

Imágenes: giphy ,

Alex Bayorti

"Todos somos aficionados. La vida es tan corta que no da para más". Fue Charles Chaplin quién mencionaría esta frase en "Candilejas", una de mis películas preferidas de este genio polifacético. Aprende, fracasa, vuelve a aprender porque ya conocemos el final de esta obra pero el desarrollo está aún por decidirse... - De Alex Bayorti para tí ;)

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